Max: Ella prometió que hoy os contaría cómo acaba el cuento. Estoy ansioso por saber qué ocurrió. No puedo esperar más porque no me ha dicho ni media palabra…
Ella: De lo contrario, lo hubieras ido contando y los Pandas ya se hubieran enterado de todo antes de leer la entrada del blog de hoy. Os pongo en situación: Empecé a darle vueltas a la cabeza de cómo podía consolar a Luise para que no se llevara esa imagen de la Navidad. Al día siguiente, envolví mi muñeca y la llevé a la guardería. Esperé hasta la hora de la siesta para acercarme a su sitio sin hacer nada de ruido. Miré a mi alrededor y me aseguré de que nadie me veía, izquierda, derecha, delante, detrás…¡no había moros en la costa! Me apresuré a dejarle la muñeca debajo de su cama y regresé enseguida a la mía. Me hice la dormida, pero iba mirando de reojo. Cuando Luise se levantó, lo primero que vio fue el regalo. Lo miró asombrada y quería saber cómo había ido a parar allí. Le dije que los Reyes Magos habían pasado y le habían dejado el regalo. Apretó la muñeca contra su cara y la abrazó con todas sus fuerzas de la emoción.
Max: ¡Qué detalle de tu parte! ¿Pero no has echado de menos a tu muñeca?
Ella: Bueno, un poco, aunque ya tengo otro regalo. Además Luise y yo solemos jugar con la muñeca en la guardería. Estaba taaaan contenta de volver a ver a Luise sonreír . ¡En Navidad es tiempo de compartir!
Ojito al parche
Ella y Max
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